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PODOLOGÍA INFANTIL

Cerca de un 15 % de las consultas de podología corresponden a niños que no han terminado su etapa de crecimiento. La pregunta que más repiten los padres es si se podría haber evitado esa malformación o el problema de pisada que ha repercutido en la espalda.

La respuesta es afirmativa en la mayoría de los casos, o bien en caso de no poderse evitar, sí se lograría minimizar el problema, aunque para ello hemos de acostumbrarnos a visitar al podólogo infantil, de la misma forma que los niños acuden al oftalmólogo pese a no presentar síntomas de problemas oculares.

En caso de que el pediatra o los padres detecten alteraciones en la marcha o en la pisada de un niño pequeño, se impone la visita al especialista: el podólogo pediátrico.

Qué es y a qué se dedica

La podología infantil es la rama de la Medicina que se ocupa de la prevención y el tratamiento de alteraciones en la formación o desarrollo de los pies de los niños. Atienden a problemas óseos, musculares y articulares, incluso se ocupan de verrugas plantares en los más pequeños.

Los pies de los niños menores de 7 años, y especialmente los pies de los bebés, se encuentran en un proceso de osificación, mediante el cual parte del tejido cartilaginoso pasa a estar ocupado por hueso. Durante este proceso, el pie responde de manera muy acusada tanto al uso de mal calzado como a tratamientos correctivos, generalmente a base de plantillas ortopédicas hechas a medida.

Si estas alteraciones se dejan pasar en los primeros años de vida, pueden no tener solución más adelante o necesitar cirugía.

Qué tipo de problemas son los más comunes y cómo se pueden solucionar/paliar/prevenir

Pies planos o pies cavos

Un pie plano es aquel que tiene poco puente, mientras el pie cavo presenta un exceso en esta curvatura. En ambos casos, la pisada se vuelve un poco inestable y puede ser dolorosa.

Mientras el pie plano se detecta al poco de comenzar a caminar y responde al tratamiento con plantillas a partir de los 4-5 años, el pie cavo suele aparecer entre los 8 y los 12 años de edad, aunque hay casos en los que se da más temprano.

El tratamiento de los pies planos y los pies cabos durante la infancia consiste en el uso de plantillas especiales y, dependiendo del paciente, la realización de una serie de ejercicios.

Pies varos o pies valgos

Los pies varos y los pies valgos modifican la posición del tobillo, haciendo que se apoye el peso de manera irregular, más en un lado que en otro. Se detectan a simple vista o bien cuando se observa un desgaste asimétrico del calzado.

Los pies varos cargan la mayor parte del peso en la cara interna del pie y se asocian a ciertas enfermedades, mientras que los pies valgos lo hacen en la externa, de manera que parecen torpes y tienen dificultades para correr. Hablamos, por supuesto, de desviaciones importantes, no de una pequeña asimetría al pisar.

En estos casos, utilizar unas plantillas o férulas que corrigen la pisada no solo ayuda a enderezar en parte el desarrollo del pie, sino que automáticamente devuelve la estabilidad al caminar y previene lesiones de tobillos causados por accidentes, caídas o retorcimientos.

Músculo acortado o pie equino

Cuando el niño camina sin apoyar el talón porque le duele, debemos sospechar de un problema de acortamiento en ciertos músculos antes que de una fascitis plantar.

En el caso del pie equino, se prueba a intentar forzar un alargamiento de los músculos implicados con ejercicios, de manera que la cirugía se limite los casos más severos, a una edad más avanzada.

Cuándo llevar a un niño al podólogo

Lo normal es que un niño sin problemas en los pies, la pisada o la marcha visite al menos dos veces al podólogo infantil para una revisión. La primera vez será a los 4 o 5 años y, si todo es correcto, se repetirá la visita a los 10 años, cuando el pie prácticamente ha terminado la osificación y la pisada es similar a la que tendrá el adulto, si no se interviene.

Sin embargo, cuando los niños presentan inestabilidad al caminar o al correr, tienen tendencia a las caídas o manifiestan que sienten dolor, por ejemplo, en el talón o en el arco plantar, lo mejor es consultar con un experto en podología pediátrica. También deberíamos llevar a los pequeños si vemos que empiezan a tener dedos curvados o en garra, o ante cualquier problema en los tobillos.

Un niño con tendencia a torcer los tobillos podría tener un problema en el desarrollo de los pies o al pisar, que se determina con la exploración y un estudio biomecánico. De no ser así, el podólogo infantil le pasaría la consulta a otro especialista. En algunos casos, deben trabajar de manera conjunta.



NUESTRA TECNOLOGÍA Y EXPERIENCIA A TUS PIES

La podología infantil es una rama de la Medicina más específica que la pediatría. Los niños que no muestren problema alguno en el pie o en la pisada deberían realizar al menos dos visitas rutinarias de comprobación, mientras que cuando hay un problema, la intervención antes de que finalice el proceso de osificación del pie permite corregir o minimizar problemas difíciles de arreglar en la edad adulta.

Los tratamientos más habituales entre los pacientes del podólogo infantil son las plantillas personalizadas, férulas y una serie de ejercicios sencillos.

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