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Cómo debe ser el calzado en cada etapa del crecimiento

Muchos problemas en el desarrollo del pie se deben o se ven acentuados por el uso de un calzado inadecuado. Estas malformaciones, si no se corrigen a tiempo, permanecerán en la edad adulta, tendiendo a acentuarse con los años.

A pesar de que hay conciencia sobre el daño que acarrea a los pies el uso continuado de calzado poco adecuado en adultos, la mayoría de la gente y muchos padres primerizos no saben que, en un pie que se encuentra en desarrollo, el uso de zapatos duros a ciertas edades o de malas hormas es todavía más dañino.

Entonces, ¿cómo debe ser el calzado de un niño según su edad? Vamos a verlo, suponiendo que hablamos de casos en los que no se precisa una ayuda ortopédica.

Primera etapa: hasta que comienza el gateo

Mientras el bebé no camina, no necesita calzado. Se pueden utilizar patucos o calcetines para protegerles del frío, incluso podrían utilizar un calzado “de adorno” para inmortalizar un momento.

Si vas a ponerle a tu hijo que todavía no gatea unos zapatitos o botas, vigila que sean blandos, flexibles y que no obliguen a los dedos a adoptar formas no naturales.

Recuerda que los bebés crecen a un ritmo muy rápido durante el primer año de vida, que suele corresponderse con esta etapa, y que no necesitan zapatos hasta que no se ponen en pie.

Segunda etapa: primeros pasos y etapa infantil

Cuando el bebé comienza a dar sus primeros pasos y cuando ya camina, incluso corre, pero su pie continúa en pleno desarrollo, el calzado cumple una función protectora. Sin embargo, es conveniente que los pequeños practiquen también la marcha descalza en zonas seguras.

Los niños que acostumbran a caminar descalzos cuando no hay peligro de hacerse daño suelen presentar menos tendencia a los problemas de desarrollo de los pies al llegar a la edad adulta. Sin embargo, en esta edad necesitan calzado, bien sean botas o zapatos, incluso calzado especial para hacer deporte.

En cualquier caso, el calzado debe ser suave y tan flexible como para no interferir en el movimiento de los dedos de los pies que realizaría el niño si estuviese caminando descalzo. Se trata de proteger los pies del frío, de cristales o de objetos cortantes sin interferir en el crecimiento natural.

Por supuesto, la horma del calzado infantil y los materiales también son importantes. No elijas sus botas o zapatos por estética, sino por comodidad y funcionalidad, recordando que el pie todavía crece a buen ritmo. No es bueno utilizar calzado demasiado grande, aunque es todavía peor llevarlo de una talla menor a la que corresponde. Elige calzado que permita al pie transpirar.

Tercera etapa: marcha adulta a partir de los 7 años

A partir de los 7 años de edad, el pie del niño está bastante formado y se puede decir que pisa más o menos como lo hará en la etapa adulta, salvo accidentes o insistencia en el uso de calzado inadecuado.

La marcha descalza en superficies seguras sigue siendo una buena costumbre a mantener, incluso en la edad adulta. De hecho, existe calzado para niños de ciertas edades y para adultos pensado para reproducir el movimiento natural de la pisada al caminar descalzos. Puedes preguntar a tu fisioterapeuta o a tu podólogo.

Los problemas en el desarrollo del pie se habrán detectado antes, en la primera visita al podólogo infantil, y ahora basta con mantener las buenas costumbres al elegir horma y materiales. Las suelas del calzado pueden ser más gruesas y menos flexibles, pero sigue dando prioridad a las punteras redondeadas.

Cuándo hay que llevar a los más pequeños al podólogo infantil

La primera visita al podólogo infantil, si el pediatra no detecta nada anómalo, debería tener lugar a los 4 o 5 años de edad. Se trataría de una visita rutinaria, para comprobar si todo está bien en el desarrollo del pie y en la pisada, y para aplicar tratamientos correctivos en caso de no ser así.

A estas edades, los pies responden muy bien al uso de plantillas ortopédicas hechas a medida tras un estudio biomecánico. Además, el implementar un tratamiento temprano cuando sea necesario puede prevenir daños mayores en el pie, así como problemas en tobillos y columna vertebral.

Si el niño tiene bien los pies y la pisada, las visitas al podólogo se pueden espaciar. Cuando el especialista detecta un problema, pautará la frecuencia de las revisiones. En algunos casos, podría recurrirse a ejercicios de rehabilitación o probar primero con el refuerzo de la marcha descalza en vez de recomendar directamente el uso de plantillas.

 

En resumen, los bebés no necesitan zapatos hasta que comienzan a dar sus primeros pasos, y durante los primeros 7 años de vida el calzado debe ser un elemento protector que no interfiera con el movimiento natural de la marcha descalza. También es bueno que los niños caminen descalzos en superficies adecuadas, como una alfombra o la arena de la playa, pues ayuda al correcto desarrollo del pie.

Aunque todo vaya bien, los niños deben visitar por primera vez al podólogo pediátrico a los 4 o 5 años de edad, antes si se detecta un problema en la forma del pie, en la pisada o en la marcha.

Autor

Dr. Alejandro R. Cuervo

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