¿Es bueno que los niños caminen descalzos?

por / jueves, 11 septiembre 2014 / Publicado enFisioterapia, Noticias, Osteopatía, Podología

– ¿Es bueno que los niños caminen descalzos? ¿Puede influir en su desarrollo? ¿Cómo debe de ser su calzado? ¿Cuando un niño necesita una plantilla?

Estas son algunas de las preguntas que se repiten con cierta frecuencia en un servicio de Podología Infantil.

Los padres se encuentran con muchísima información (publicidad, internet, revistas, amigos, etc.) que a veces puede ser contradictoria en estos temas.

Tan pronto hemos escuchado opiniones defendiendo el hecho de que los niños caminen descalzos como a la vez hemos visto anuncios publicitarios vendiendo las “virtudes” de determinados tipos de zapatos indicados para edades muy tempranas (incluso para antes de que el niño camine).

Intentaremos plasmar en esta entrada nuestra opinión al respecto y las pautas que desde nuestra experiencia en Podología infantil nos parecen correctas.

– ¿Puede tener relación el hecho de que un bebe vaya calzado o descalzo para su desarrollo cognitivo?

Desde el punto de vista del desarrollo neurológico y de la sensibilidad táctil, los pies del recién nacido tiene una sensibilidad mucho más fina que la de la mano hasta los ocho o nueve meses.

Por ello en los primeros meses los pies tienen una función esencial: informar del mundo exterior al bebé, que toca con ellos todo lo que tiene a su alcance, los manipula con sus manos y los lleva a la boca donde las terminaciones nerviosas sensitivas son mayores. A partir de esta edad el pie, de forma gradual, pierde este tipo de sensibilidad.

Un estudio titulado “Podología preventiva: niños descalzos igual a niños más inteligentes“, elaborado por Isabel Gentil García, Profesora de la Escuela Universitaria de Enfermería, Fisioterapia y Podología de la Universidad Complutense de Madrid trata con bastante profundidad este asunto.

El hecho de calzar continuamente a los bebés que no caminan les priva de información táctil y la percepción de la posición y movimiento de los pies en relación con el espacio, que juegan un papel importante en el sistema nervioso central.

El estudio además se basa en las etapas de Piaget de desarrollo de la inteligencia, centrándose en la primera, en la etapa sensomotriz (desde el nacimiento a los dos años) cuando son importantes la manipulación, el movimiento y aprender a organizar de forma hábil la información sensorial. Se adquiere la primera noción del yo, del espacio, del tiempo y la idea de causalidad.

Sin duda los pies, como receptores privilegiados, contribuirían a un mejor desarrollo de la inteligencia del bebé.

Además de Piaget la autora se centra en otros autores para demostrar su teoría, y es que al final todos coinciden que el desarrollo es fruto de una compleja interacción entre el ambiente y el organismo y que uno de los factores ambientales que más interviene en su desarrollo es el propio cuerpo y su autoconocimiento.

El  hecho de apoyar el pie descalzo en todo tipo de superficies, también irregulares, contribuye al desarrollo muscular y a la propiocepción.

Por lo dicho hasta ahora nuestra posición frente a este tema es que en la etapa pre andante deberíamos de mantener al bebe descalzo siempre que sea posible (espacio protegido, caliente, etc.). De hecho es bastante habitual que en estas etapas tempranas el bebe tenga mucha facilidad para quitarse los zapatos, porque lógicamente va a estar mucho mejor sin ellos.

– ¿Qué hacer si nuestro bebe tiene algún dedo montado o desviado?

Este es un problema relativamente habitual y es muy importante acudir precozmente a un servicio de podología infantil. Si se detecta en los primeros meses de vida, educando a los padres en la realización de unos sencillos vendajes o fabricando unas pequeñas férulas de silicona, lo más habitual es que los dedos puedan colocarse en su posición correcta en muy pocos meses.

Si esas deformaciones no se tratan de forma precoz es posible que se consoliden y sea preciso el tratamiento quirúrgico a futuro.

Hemos de entender que los dedos de un niño pequeño tienen una gran elasticidad y podremos dirigirlos hacia donde queramos, al igual que podemos dirigir el crecimiento de la rama de un árbol cuando es pequeña. De allí la importancia de la correcta elección del calzado cuando el niño comience a caminar. Un calzado que obligue a posicionar los dedos en una mala posición.

– ¿Cómo debe de ser el calzado de los niños?

Aquí deberemos diferenciar entre los zapatos que se usan cuando el niño comienza a caminar y el calzado que posteriormente usará cuando sea más mayor.

Es bastante habitual que a los padres se les haya aconsejado en los primeros años de vida del niño el uso de “botas” o calzado un poco más alto y consistente en la zona del talón para ayudar a mantener el pie y ayudarle a caminar. Es posible que cuando el niño comienza a caminar, el hecho de contar con un contrafuerte (zona del zapato que recoge el talón del pie)  un poco más resistente ayude al niño a tener una mayor estabilidad en los primeros pasos y pueda ayudarle a mantenerse de pie durante más tiempo.

Ahora bien, si abusamos de calzados más rígidos en la zona del contrafuerte o de botas vamos a conseguir el efecto contrario: El pie de un niño debe de muscular y sus ligamentos son los que han de mantener la correcta posición del mismo. El excesivo control del pie por parte del calzado puede disminuir dicho trabajo de musculación ya que el zapato “sustituye” el trabajo que deberían de hacer los músculos.

Nuestro consejo sería usar preferiblemente calzado por debajo del tobillo (usando botas o zapatos con contrafuerte rígido sólo de forma ocasional).

Es importante que la suela tenga una buena capacidad de flexión para que no impida la correcta movilidad del pie y que tenga cierta capacidad de amortiguación, pero no es necesario que sea muy gruesa ni que tenga una gran amortiguación, ya que el peso del niño es pequeño y además para que el hueso del niño se desarrolle con normalidad, necesita cierto nivel de “impacto”, que es el estímulo que necesitamos para generar hueso de calidad.

En la actualidad se están realizando algunos estudios (Podoactiva participa en alguno de ellos junto al grupo de investigación del Dr. Casajus) partiendo de la hipótesis de que es posible que la calidad del hueso de los niños esté disminuyendo por abusar de excesiva amortiguación en la mayor parte de actividades que realizan.

Otro consejo importante es que el zapato no oprima el pie del niño ya que está en continua evolución y crecimiento. Si el zapato es de piel o de elementos sintéticos que transpiren será muy positivo para el niño ya que ayudará a su termorregulación y disminuirá las posibilidades desarrollar micosis o papilomas (la humedad facilita su implantación).

 

 

En los niños más mayores sigue siendo un buen consejo realizar actividades o ciertos ejercicios descalzos que ayudarán al desarrollo muscular y propiocepción. No aconsejamos que los niños caminen descalzos en superficies duras pero si en tarima de madera, césped o incluso pavimentos si lo hacen usando un calcetín que amortigüe un poco y evite el deslizamiento.

De hecho en la edad adulta sigue siendo un buen consejo descalzar nuestros pies y caminar descalzos durante unos minutos al día. Servirá para descongestionarlos y potenciar la musculación y movilidad del mismo.

– ¿Cómo saber si la forma de pisar del niño es normal o no?

Hemos de entender que tanto el pie como la pierna de un niño van a sufrir una evolución natural en los primeros años.

Recibimos muchas consultas de padres preocupados por la posición que ven en sus hijos y en muchos de estos casos la posición es la normal para su edad.

Cuando un niño comienza a caminar (y hasta los 2 años aproximadamente) la posición habitual es que las piernas estén arqueadas hacia afuera (tipo cowboy). Esta posición es normal dada  la insuficiencia de determinados grupos musculares y también favorecida por el uso del pañal que “ayuda” a realizar una mayor rotación externa de cadera.

Después lo habitual es que el niño evolucione hacia la posición contraria, es decir que las rodillas tiendan a juntarse. Es lo que se denomina un Genu Valgo. Esta posición y el hecho de que los pies tengan una situación con tendencia al aplanamiento es normal hasta los 4-5 años. Caminar descalzo, mantenerse de puntillas, mantenerse a la “pata coja”, son ejercicios sencillos que ayudaran a la musculación del pie y de la pierna y favorecerán su correcta evolución.

Lo habitual es que sobre los 5 años las piernas adopten una posición más recta (casi siempre manteniendo una ligera tendencia a que las rodillas se junten).

Como hemos dicho, esta evolución sería normal y no sería necesario tratar al niño con ninguna plantilla. Es más importante en esta etapa potenciar la musculación y correcto desarrollo del pie y la pierna.

 

– ¿En qué casos será necesaria una plantilla para los niños?

Hay algunas señales de alarma que deben de hacernos acudir a un especialista en podología infantil para valorar la necesidad de tener que ayudar al niño mediante una plantilla personalizada:

– Mayor torpeza para caminar que la mayor parte de niños de su edad.

– Caídas frecuentes.

– Mantenimiento de la posición de “rodillas en X” o pie muy aplanado a partir de los 5 años.

– Caminar de puntillas de forma mantenida durante varios meses.

– Dolor en el talón.

– Dolor en el pie o la pierna después de realizar actividad física

– Deformidad de  dedos

Hemos de tener en cuenta que la mayor parte de problemas de la marcha se pueden solucionar de manera sencilla si se tratan precozmente. En caso de detectar alguno de los problemas anteriores aconsejamos realizar una visita al podólogo y en cualquier caso sería muy aconsejable realizar un correcto estudio de la marcha en un centro especializado en podología infantil a todos los niños a partir de los 5 años. Puede ofrecernos datos muy importantes sobre acciones preventivas que permitan evitar problemas en la edad adulta.

Los pies nos van a acompañar durante toda la vida y son lo único que contacta con el suelo.  Son realmente “nuestros cimientos” y una buena posición desde pequeños garantizará muchos menos problemas en la edad adulta.

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